Yo me quedo en casa

Dark Perú (1921-2052)

El arco temporal de Jonas Galahrretwald

Publicado: 2019-12-29

Episodio 1/5 

Sumido en la irrelevancia, pero acostumbrado a tener varias versiones de sí mismo, Jonas Galahrretwald decide encontrarse un mejor futuro en el pasado. Es noviembre del 2019 y tiene un solo objetivo: viajar a 1986 y buscar a su líder Keiko Nielsen, que desapareció en octubre del 2018. Quiere advertirle lo que ocurrirá 33 años después: tienes que pitufear mejor la plata, jefa, te meterán adentro por obstruir la justicia, jefa, vamos a perder todo por huevones, jefa. Sabe dónde encontrarla: en la antigua casa de los Nielsen en la Carretera Central, antes de su enriquecimiento ilícito.

Galahrretwald está en su despacho del Bundestag. Lo mira con nostalgia: pronto lo tendrá que dejar. Aunque es miembro de su Comisión Permanente, en enero del 2020 tendrá que irse y sabe que en el 2026 nadie lo elegirá. Nadie lo extrañará. Nadie lo querrá. Lo admite: su viaje al pasado también es por él.

Coge un mapa, se pone su casaca amarilla -recuerdo de su antigua alianza con Ludwig Kastanieda Lössio- y emprende la marcha. Camina desde el Bundestag de Bolivarplatz hasta la cueva de Winden, que en realidad es el túnel de La Herradura. Sigue la ruta que le indica una pita roja. Finalmente, ve una luz: el final de la cueva. Sale. Solo encuentra humo, basura, una ciudad vieja, una gaviota sucia. No, no es el fin del mundo. Es el Perú de noviembre de 1986.

Debe buscar a su jefa, pero Galahrretwald cede ante la nostalgia: prefiere ir al cine Portofino a ver Rocky IV. Goza. Ríe. Roba canchita. Abuchea a Iván Drago. De repente, un apagón. La gente pifia, mi plata, gritan, mi plata. Galahrretwald sale del cine entre lágrimas. En la puerta no le devuelven el dinero de la entrada, usted se ha colado, lárguese de acá. En el futuro serán un cine porno, les grita Galahrretwald como si fuese una maldición. Pero no le responden. De pronto, el silencio. Se siente observado. Voltea.

Es ella.

Es Keiko, la Keiko del pasado. Tiene 11 años y un paquete de velas en la mano. Con la otra sostiene la mano de su padre, Alberto Nielsen. Los tres se miran en silencio. Cada uno piensa que es un Déjà vu. Nadie atina a nada. Al fondo suena Virgen de las Mercedes, patrona de los reclusos.

Galahrretwald decide actuar: acercarse, advertirles, lograr su cometido, pero alguien lo jala por detrás, lo lleva de vuelta al cine Portofino, lo empotra contra un afiche de La Mosca, no vayas, Jonas, tienes que dejarlo así.

-Suéltame carajo. ¿Quién eres, andrajoso?

-Yo soy tú.


Episodio 2/5

El hombre viejo se presenta: mucho gusto, soy Jonas Galahrretwald del 2052. Vive en un Perú post-apocalíptico y hasta hacía 4 horas era el ministro de Ecología del anciano Presidente Antauro Humala.

-¿Antaurista? –grita Galahrretwald 2019- ¿Cómo puedes cambiar tanto?

-No seas pendejo –contesta Galahrretwald 2052-. Entre gitanos… Ya sabes.

El Perú del 2052 ha sido carcomido por el cambio climático, le cuenta. Ya no existe Lima. Ya no existe la costa. Arequipa es una isla donde solo viven los lobos marinos y un Hernando de Soto convertido en androide. La selva es un desierto. Lo único habitable es Abancay, Cusco y Puno. Por eso Antauro ganó las elecciones. Y él, que se había convertido en un ambientalista vegano, era su ministro.

En un momento de alegría etílica, el Galahrretwald del 2052 le había contado al Presidente Antauro la verdad: él había viajado alguna vez a 1986. Sí, Presidente, en el 2019. Sí, el ciclo es de 33 años. Por supuesto, Presidente, yo sé cómo viajar en el tiempo. Yo puedo viajar a 1986.

–De puta madre -le gritó Antauro-. Tráeme una bolsa de Monterrico.

–Pero Presidente -le dijo Galahrretwald del futuro-, ¿no podemos hacer otra cosa? ¿Advertir al mundo de la catástrofe ambiental?

–No seas maricón –gritó Antauro-. Tráeme mis Monterrico.

–Y por eso estoy aquí –finaliza el Galahrretwald del futuro, siempre servil.

*

–El fujimorismo se destruyó el 2021 –le cuenta Galahrretwald 2052 a Galahrretwald 2019, mientras buscan la bolsa de Monterrico en el Scala Gigante de San Felipe.

-¿Cómo así?

-Keiko salió libre en noviembre del 2019...

-¡De verdad!

-…pero volvió a prisión en el 2020.

-Ah.

-Y sin ella de candidato nadie quiso seguir en Fuerza Popular. Nos desbandamos. Yo me volví vegano el 2020. Katerina Von Tëta volvió al nacionalismo. Al final, postularon a Paco Bazán.

-¿Y después?

-Después fuimos cayendo presos, uno a uno, como moscas. Primero fue Hektor Dopplerril. En el 2020 ya estaba pelando mandarinas en San Jürgen. Pero cuando fueron por mí empezó el Apocalipsis. Hubo un terremoto grado 9 en Lima. Al día siguiente, un tsunami llegó hasta la Fiscalía y el agua nunca más se fue. Luego empezó a llover en Lima. Todo se fue a la mierda. Era el inicio de la Gran Catástrofe Ambiental. No había comida y la gente tuvo que comerse a sus mascotas, menos yo que era vegano y había cosechado tomates cherry en mi azotea.

-Debemos cambiar el futuro, entonces. No podemos dejarlo así.

-Sabía que me dirías eso. Ya tuve esta conversación antes, cuando yo era tú, 33 años atrás.

-No entiendo.

-El destino es inalterable. Hay un camino ya trazado y nosotros solamente lo recorremos, aún si viajamos en el tiempo. ¿Recuerdas “Volver al Futuro”? Ya: así no es. Resígnate. Más bien aprovecha y guárdate este Tico Tico, que aún no existen las cámaras de seguridad.

-¡Pero debemos hacer algo!

-Te diré que vamos a hacer: vamos a ir al Monterey porque aquí no encuentro mi encargo. Si no Antauro me va pegar. Muévete que tengo que ir al Coliseo Amauta a ver a Soda Stereo. Apúrate carajo que hay toque de queda. Y no pises esa planta. Tiene vida.


Episodio 3/5

-El destino no se puede cambiar, te dije.

-Perdón.

-Está bien. Como te dije, ya tuve esta conversación antes. Ya sabía que no encontraría los Monterrico. Ya sabía que perderías mi Dos En Uno de plátano. Ya sabía que me confundiría de bus porque todos son amarillos. Ya sabía que el bus que tomamos se iba a malograr. Ya sabía que correrías solito hacia el Amauta para guardarnos sitio. Ya sabía que te ibas a perder como un huevón. Ya sabía que escucharíamos el concierto aquí afuerita.

-Entonces, ¿el destino no se puede cambiar?

-No. Esto es el Eterno Retorno, joven Galahrretwald. El destino no es lineal. El destino es un gran ocho, como el Chavo. Hace 33 años vi al Galahrretwald del futuro perderse a Soda Stereo y no conseguirle sus Monterrico a Antauro. Ahora yo soy él. He querido escapar de ese destino pero no he podido. Y esto que digo ahora ya lo he escuchado antes.

-Entonces, ¿no podré salvar a Keiko?

-Salvo que mates a los fiscales ahora.

-Es cierto…

-Mira, el fiscal Raphael Völler tiene ahora 13 años. Él está adentro, en el Coliseo. Tiene los pelos parados y maquillaje negro en los ojos. Se ha puesto papel higiénico en el pecho para parecer mayor. Tú grítale por su nombre no más. Joseph Sonntag Perez sí está en su casa ahora, tomando leche con Milo y mirando Topo Giggio.

-Matémoslos.

-Si quieres…

-¿Tú intentaste esto antes? –preguntó, preocupado, el Galahrretwald 2019.

-¿Tú qué crees? –contestó, sarcástico, el Galahrretwald 2052.

-Tendré que cambiar de partido nuevamente –dijo, resignado, el Galahrretwald 2019.

-Por eso me volví vegano apenas regresé –dijo, displicente, el Galahrretwald 2052.

-Keiko no puede quedar presa. Sería el final de mi carrera –dijo, asustado, el Galahrretwald 2019.

-No jodas, oye –dijo, exasperado, el Galaharretwald 2052-. Ya te dije: vendrá el Apocalipsis y todo se hundirá, pero nosotros no. Seremos ministros. Sobreviviremos. Políticamente, somos cucarachas.

-Entonces, ¿qué hago? ¿Y si mato a Vizcarra?

-Muy lejos. Está en Moquegua. Si tomas un Ormeño se va a malograr. Es el Perú de los ochenta.

-¿Y entonces? ¿Me regreso no más?

-No, tienes que esperar un rato.

-¿A qué?

-Espera. Tiene que acabar esta canción.

Un sonido maltrecho les llega desde el Amauta. El Galahrretwald del 2052 no se hace problemas: mueve los hombros, mueve la cabecita como un perrito de taxi, tele, telekinesis, y moverás tus pies. De pronto, aparece una persona idéntica a ellos, pero con sombrero de copa, reloj de bolsillo y una chalina de piel que disgusta al Galahrretwald animalista.

-He vuelto –les dice.


Episodio 4/5

Es Jonas Galahrretwald también, pero viene de otra época: estaba en 1921. Déjenme contarles todo de manera veloz, les dice: volví al 2052 sin los Monterricos de Antauro y me tuve que exiliar para que no me fusile por alta traición. Llevé conmigo la máquina del tiempo portátil que tenemos: tú no, 2019, tú tienes que irte aún a La Herradura. Quise viajar de vuelta a 1986 para seguir buscando los Monterrico pero no sé qué pasó, y terminé en 1921. No cuadra con el ciclo de 33 años, yo sé, pero así son los guionistas de esta serie.

Galahrretwald 1921 cambia de tema: aprovecharé para hablarles de la Patria Nueva. Se emociona, Leguía es la salvación del Perú, el maestro de la Juventud, el Gigante del Pacífico. No saben cómo ha sido la celebración del Centenario. ¿Ya vieron cómo avanza la Conscripción Vial? Si logramos que siga hasta el año 2000 haremos la Interoceánica solamente con indios esclavizados y Keiko no irá a la cárcel. Esto es una maravilla, es el fujimorismo pero con sombrero de copa. La salvación es Leguía, siempre lo dije.

-No lo fue –dice alguien más.

Los tres voltean a verlo. Es igual a ellos, pero usa un traje militar color caqui y su rostro es un gran gesto de ira. Jet Set, suena al fondo, por qué no puedo ser del Jet Set.

-Ya saben quién soy –se presenta-. Vengo de 1953.

Por alguna razón que no aún lo lograba entender, el Galahrretwald de 1953 había dejado de envejecer: habrá sido allá por 1923, no recuerdo bien, pero fue durante el gobierno de Leguía.

-¡Viva Leguía! ¡Leguía Wiracocha! –arenga 1921.

Lo mejor de todo, continúa Galahrretwald 1953, es que el no envejecer me dio la posibilidad de ser tránsfuga por 32 años más. Se mira las botas, le sonríe a su pistola y cuenta su historia: había sido leguiísta y todas las elecciones estuvieron amañadas, qué gran Presidente, pero en abril de 1930 la cosa con Leguía ya estaba fea. La crisis económica, la gente aburrida por once años de gobierno: decidí hacerle caso a sus principios.

Los otros Galahrretwald lo miran con incredulidad.

-A quién engaño. Un día me acordé de una cosa mientras esperaba el tranvía:

“¿Por qué era que lo llamaban el Oncenio?”.

Saqué cuentas. Entendí todo. Debía irme del bote.

Entré al Partido Comunista porque no conocía otro y me dije “ya pues, estaré en Sendero”, pero fue muy distinto, ni una sola bomba, todos hablaban y hablaban. Me hice amigo de un tal Ravines, pero me botó del partido porque según él yo era muy doble cara.

Así que en agosto de 1931 llegué de casualidad a la Plaza de Acho y me di cuenta que el APRA tenía su jale y ya pues, “volveré a ser aprista”, me dije, “como en el segundo gobierno de Alan”.

A mí nunca me gustó la historia, y por eso no sabía qué iba a pasar. ¿Ustedes sabían que Haya de la Torre nunca fue Presidente? Claro que no lo saben. Yo tampoco. Me hice aprista porque pensé que Haya iba a ganar, pero perdimos. Como siempre.

Pero en el APRA no duré ni un año.

Cuando perdieron pensé que negociarían algo, como siempre: una obra, un puente, un 3%. Que iban a sentarse con Sánchez Cerro y decirle “tú no metes preso a Cox y nosotros votamos contigo”, pero no. Se pusieron a conspirar, se pasaban armas, la gente pasaba a la clandestinidad. Yo me escondía, pero de ellos.

Y justo cuando estaba por irme de Lima, en julio de 1932, me agarraron de sorpresa. “Compañero Jonas”, me dijeron, “debes ir a Trujillo a llevar este papel y estas pistolas. Se las entregas a Barreto. No tengas miedo. Carajo, Jonas, ¿de dónde has sacado eso del 3% por obra? Déjate de huevadas. Lleva estas pistolas, y si te atrapan, no sabes nada”.

Por supuesto que fui, pero no a Trujillo sino al Ministerio de Gobierno. Los delaté ante un militar imponente y fascista que era idéntico a Lourdes Alkorten, pero más alegre.

El resto ya lo imaginarán. Le planché las camisas negras a Luis A. Flores, me reconcilié con Ravines cuando apoyamos juntos a Prado, me inventé una familia arequipeña cuando estuve junto a Bustamante y Rivero y me volví Jonas Galahrretwald de Belaúnde, y ahora soy parlamentario por la Unión Nacional Odriísta, aunque ya va siendo hora de marcar mis distancias porque ya estamos en el quinquenio y creo que a esto le llamaban el ochenio.

Todos los otros Galahrretwald empiezan a reír con complicidad. Qué facilidad tenemos para cambiar de bando, se dicen entre todos. Ojalá pudiésemos tener principios. Ojalá el destino se pudiera cambiar.

La música en el Amauta se detiene. Termina el concierto de Soda Stereo.

-Ya es hora, muchachos. Tenemos que volver a nuestros puestos –dice el Galahrretwald de 1953-. El fracaso debe continuar.


Episodio 5/5

Los otros Galahrretwald han partido ya. Solo quedan 2052 y 2019. El primero debe guiar al segundo de regreso a su tiempo. Sabe que ese era su papel.

-Mañana por la mañana tienes que volver. Ni intentes matar a Raphael Völler –le dice a 2019-. El destino no se puede cambiar, ¿me entiendes?

2019 asiente en silencio.

-Y recuerda: somos prófugos los dos –concluye.

2052 le dice cuál debe ser su trayecto de regreso: yo me iré en mi máquina portátil, pero tú tienes que regresar por donde viniste, el túnel de la Herradura. Pero tienes que irte caminando. No, carajo, nada de ENATRU: caminando. Así es el destino.

Ya en la Plaza Bolognesi, Galahrretwald 2052 señala hacia la avenida Brasil. Toma nuevamente a Galahrretwald 2019 por el hombro. Le habla como si fuese su entrenador.

-Escúchame con atención: toma este RIN y estas botellas vacías de Teem. Vas por toda la Brasil. A mitad de camino te va a agarrar el toque de queda. Las Fuerzas Armadas te van a detener y te van a pedir tus documentos. Como no tienes Libreta Electoral, van a decirte que eres de Sendero y te van a llevar a una tanqueta. Ahí tienes que gritar y decir que eres sobrino de Augusto Ferrando. El jefe te va a bajar y te va a pegar por mentiroso. Luego te va a llevar con la policía y ahí tienes que decir que eres el ahijado de Agustín Mantilla y que sabes de la existencia del Clan del Besito. Les enseñas el RIN y les dices: soy del Grupo Alfa y quiero llamar a mi padrino. No te vayas a confundir: Grupo Alfa. El antepenúltimo Galahrretwald del 2019 dijo “Grupo Alfalfa” y se fue a cadena perpetua y casi nos arruina el Eterno Retorno. Si dices Grupo Alfa la policía te va a soltar, te va a pedir disculpas y te van a jalar hasta Chorrillos mañana por la mañana. No te olvides las botellas. De ahí vas hasta el túnel de La Herradura. En el camino, escúchame bien, en el camino va a pasar un señor que grita fierro catre viejo botella. A ese señor le entregas las botellas de Teem y él te va a dar un pollito a cambio. Con ese pollito regresas al 2019 y lo vas a criar. Préstame atención: en unos meses se va a volver tu mascota, pero un día sin querer lo vas a trozar. Deja de llorar y mírame a los ojos: no es nuestra culpa. El pollo va a quedar trozado y de la impresión te vas a volver vegano. Sigue así, y en 33 años te volverás el ministro de ambiente de Antauro.

Los dos Galahrretwald se abrazan. Ninguno ha cumplido su cometido, pero ese fracaso constante es, quizá, su verdadera misión. Antes de partir, 2052 le entrega un sobre a 2019. Este se emociona ¿Serán las claves del futuro? ¿El plano de una nueva máquina del tiempo? ¿La solución para evitar la Gran Catástrofe Ambiental?

2052 lo mira con ternura:

-Ahí te dejo una vela -y sonríe.


Escrito por

Carlos León Moya

Contratista de Odebrecht.


Publicado en

Reforma Agraria

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