no tenemos planeta B

¿Realmente Velasco persiguió a Kuczynski en 1969?

Hint: no. Aquí una narración detallada de aquel mito.

Publicado: 2019-04-11

Enrollado como un molusco y sofocado por el calor, Pedro Pablo Kuczynski difícilmente imaginó que tendría un futuro político promisorio en el Perú. Al menos no mientras se escondía en la maletera del Volkswagen en el que huyó rumbo al Ecuador en el verano de 1969.  

Tampoco podría imaginar que, medio siglo después, tendría que renunciar al cargo de Presidente de la República por la misma acusación que lo tenía en la maletera: favorecer a una empresa privada siendo funcionario público. Antes, la norteamericana International Petroleum Company. Después, la constructora brasilera Odebrecht.

Visto así, vemos en Kuczynski no un error sino un patrón de conducta. Medio siglo de actividades donde lo público y lo privado no conocieron fronteras. Para ocultarla, Kuczynski utilizó una falsa pero útil coartada: culpar al gobierno militar y a Juan Velasco Alvarado de persecución.

Esto es un mito. A continuación, los hechos.

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En 1968, Kuczynski era un joven gerente del Banco Central de Reserva del Perú. El mismo día que cumplió 30 años, happy birthday Mr. President, las Fuerzas Armadas derrocaron al entonces Presidente -y modelo de pijamas- Fernando Belaúnde Terry. Aunque venía siendo planeado desde abril, la presunta pérdida de una página del acuerdo entre el Estado Peruano y la International Petroleum Company, precisamente aquella donde se estipulaba los precios de venta del crudo, precipitó la ejecución del golpe.

La IPC no era cualquier empresa. Era el segundo mayor contribuyente al fisco peruano, y su accionar era catalogado de abusivo y pernicioso al interés nacional. Era Yanacocha. Durante los sesenta, la demanda por su nacionalización fue creciendo. El diario El Comercio fue uno de sus más activos promotores.

Kuczynski, recordemos, no huyó ni fue perseguido tras el 3 de octubre, sino que permaneció en su puesto de gerente. El 9 de octubre, el nuevo gobierno expropió los complejos de la IPC en un operativo militar. Sin embargo, esta empresa podía aún remesar sus utilidades a la Standard Oil de Nueva Jersey, de la cual era subsidiaria. Pero para hacerlo, necesitaba primero que el Banco Central les otorgase certificados de divisas.

Digámoslo de otro modo: la empresa más odiada del país, cuya expropiación había sido celebrada por casi todos, todavía podía sacar su plata. Pero había un filtro: el BCR. ¿Qué debían hacer esos funcionarios? ¿Autorizar que la Yanacocha de los 60 saque su dinero, o evitarlo?

Ya sabemos qué hicieron. Lo autorizaron no una sino trece veces, entre octubre de 1968 y febrero de 1969. Estas autorizaciones fueron realizadas por el Gerente General, Carlos Rodríguez Pastor, y por el joven gerente Kuczynski. Y luego, refrendadas por el Ministro de Hacienda.

Hasta que la prensa denunció el caso.

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El Consejo de Ministros abordó el caso el 25 de febrero de 1969, y eso puede verse en sus actas. Velasco, exasperado por la acusación al Banco Central y la Empresa Petrolera Fiscal, dijo que “estaba en juego la dignidad del Gobierno Militar” y que el tema “debía ser investigado,” porque se requería “que la imagen del gobierno sea pura”. Los ministros discutieron sobre la naturaleza de la Comisión Investigadora: ¿debía quedarse en los subalternos, como los funcionarios del Banco Central, o debía incluir también a los ministros?

Velasco insistió en lo segundo: la comisión investigadora debía incluir a “toda entidad que resulte responsable”.

Y aquí viene el meollo. El principal problema no era, en absoluto, aquel enjuto joven de apellido impronunciable que luego sería Presidente, sino la tensa relación que existía entre el Presidente Velasco y su ministro de Hacienda, Ángel Valdivia Morriberón.

De carácter duro, Valdivia era de las pocas personas que discutía abiertamente con Velasco en los Consejos de Ministros, y apenas seis semanas atrás había impulsado su salida de la Presidencia. Como se dijo, Valdivia, como Ministro de Hacienda, había refrendado las autorizaciones de Rodríguez Pastor y Kuczynski. Era “la otra entidad responsable” a la que aludía Velasco, junto al ministro de Fomento, Alberto Maldonado Yáñez.

Valdivia no estaba en ese momento en Palacio de Gobierno. Velasco ordenó que lo llamaran por teléfono. Valdivia llegó e ingresó al Consejo.

Asumió la responsabilidad política: la salida de divisas se debía una Resolución Ministerial que él firmó en noviembre, sin leerla, junto a varias resoluciones más. Pero indicó que también había responsabilidad administrativa en los funcionarios del Banco Central que la autorizaron (Rodríguez Pastor y Kuczynski).

Pero Valdivia era también desafiante: sostuvo que si la Comisión se quedaba solo en los subalternos (Rodríguez Pastor y Kuczynski) y no llegaba a los ministros, “no tenía necesidad”. Por tanto, esta debía tener “el más alto nivel”, y él dejaría su cargo de Ministro para facilitar la investigación. Imaginemos el tono de su voz.

Allí intervino el canciller Edgardo Mercado Jarrín para apaciguar los ánimos. Dijo que lo principal era “mantener la cohesión del gobierno”, dando a entender que la investigación y salida de dos ministros iban en dirección contraria.

Sin embargo, Velasco insistió. Dijo que “la cohesión” del gobierno “no se consigue con inmoralidad”, y que él había propuesto investigar “a los funcionarios responsables”, sin decir que estos eran necesariamente sus dos ministros.

Valdivia era una persona dura, y su decisión se mantuvo. Así, el 25 de febrero de 1969, dejó el puesto de Ministro de Hacienda.

Como se aprecia, el caso concreto de Kuczynski no apareció en Consejo de Ministros: no está en las actas, y tampoco está en el resumen que el Arturo Valdés Palacio hizo de esta en su libro “Una Revolución Itinerante”. Nunca fue lo principal, ni tuvo por qué serlo. Estamos en un gobierno militar que privilegiaba la unidad de las Fuerzas Armadas, y este escándalo implicaba a dos ministros del gabinete, ¿por qué debía interesar la suerte de un funcionario de rango medio? Kuczynski sostiene que él fue, más bien, un chivo expiatorio. Sin embargo, ¿cómo se es un chivo expiatorio después de la caída de dos ministros? Sería, en todo caso, un chivo expiatorio tan inútil como su Presidencia.

Cerremos el relato con la Comisión Investigadora. Esta Comisión, liderada por el almirante Alfonso Carbonell, encontró responsabilidad en Kuczynski y otros funcionarios más, sí. Aunque Kuczynski menciona que la Comisión estuvo dirigida, y Alfonso Quiroz en “Historia de la Corrupción” refuerza este argumento, lo cierto es que no existe evidencia de esto. De hecho, Velasco mismo estuvo descontento con el Informe Final, pues, a su juicio, la Comisión “se había extralimitado” en algunos puntos, y así se lo hizo saber a sus ministros. Si la Comisión hubiese estado “dirigida”, ¿por qué Velasco renegaría de su Informe Final?

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Queda una pregunta. Es cierto, el Banco Central sí estaba autorizado a entregarle divisas a la IPC. Sin embargo, ¿por qué hizo esto Kuczynski? No era difícil saber que era un tema políticamente sensible, que el gobierno militar no tenía simpatía alguna hacia la IPC, que la ciudadanía había tomado con alegría su expropiación, y que la prensa escrita explotaría el tema apenas lo supiese. Firmar esas autorizaciones era ponerse al borde del abismo y exponerse a ser visto como el funcionario que ayudó a la IPC, como un traidor, como un “vendepatria”.

Existen dos posibles razones, y ambas encajan con su posterior accionar como ministro y Presidente. La primera es que, por convicción, Kuczynski prefiere darle facilidades a la empresa privada aún en su papel de funcionario público. Y en ese rol, no encuentra una frontera, un límite, una barrera que le haga decirles “por aquí no”. Eso ocurrió entre el 2004 y el 2006, con las licitaciones que ganaron los consorcios de Odebrecht que habían firmado contratos con su empresa, mientras él era ministro de Estado. Pudo haberse hecho a un lado, pudo haberse inhibido, pero nunca lo hizo.

La segunda es que Kuczynski, desde siempre, fue incapaz de medir los riesgos en política. Lo que hizo, lo hizo creyendo que no había nada de malo, y que las reacciones serían mínimas o inexistentes. Lo mismo ocurrió con el indulto a Alberto Fujimori. Kuczynski realmente creyó que el indulto apaciguaría al país, cuando lo que hizo fue incendiarlo. E incendiarse.

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Finalmente, ¿qué pasó con los involucrados en esta historia?

Kuczynski se fue enrollado al Ecuador y ya sabemos en qué terminó. Lo que no logró la Comisión Carbonell en 1969 lo consiguió la Fiscalía el 2019 con sus diez días de prisión preliminar. Medio siglo enfrentado a la justicia: Kuczynski, al menos, es persistente.

Carlos Rodríguez Pastor salió también del país. Entró después a trabajar al Wells Fargo International. Luego, compraría Interbank. Sí, ese Interbank “de los Rodríguez Pastor”.

Velasco debía recomponer su gabinete. Buscó a Aníbal Meza Cuadra y le propuso reemplazar a Valdivia Morriberón como Ministro de Hacienda. Pero Meza Cuadra le dijo que prefería ser Ministro de Fomento, y que había una persona aún más apta para el cargo de Hacienda. Era el mejor estudiante de su promoción, muy inteligente y comprometido, con experiencia en el cargo y, pese a que Velasco lo veía como una persona reacia a la Revolución, podía serle de mucha ayuda en el gabinete.

Era Francisco Morales Bermúdez.

Velasco aceptó.


Escrito por

Carlos León Moya

Contratista de Odebrecht.


Publicado en

Reforma Agraria

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