el momento del ego

Daniel Córdova, número 20

Quiso ser ministro durante 20 años, pero duró 20 días. Su salida ni siquiera llamó la atención.

Publicado: 2018-04-25

Entre noticias mucho más trascendentes, la renuncia de Daniel Córdova al Ministerio de la Producción pasó desapercibida. Y está bien: es un hecho tan anónimo e irrelevante como su contribución a la historia del Perú.  

Aun así, propongo darle una segunda mirada. Es un gran ejemplo de un tipo de personas que gobernaron, o quisieron gobernar, el Perú de los últimos años.

Y bien, ¿quién es Daniel Córdova? En primer lugar, alguien enamorado de sí mismo. Por eso, intentó durante años vender la idea de que el político que el Perú necesitaba era él. Quiso ser todo, y en todo falló: alcalde de Lima, congresista, Presidente.

Su más conocida aparición fue en noviembre del 2010, cuando intentó ser el candidato presidencial del Partido Popular Cristiano a punta de publicidad. Aquel mes, su foto apareció en varios diarios: eran anuncios pagados –según él mismo, “40 mil dólares en publicidad”- donde lanzaba su precandidatura presidencial.

Córdova obtuvo la cobertura que buscaba. Habló de la importancia de “fortalecer a los partidos” y que se inscribiría en el PPC “para quedarse”, pese a que cambió de partido en cada elección. Dijo que lo más atractivo del PPC era “su doctrina”, pese a que la única doctrina de Córdova es su tesis sobre Corea del Sur. Deslindó de Pedro Pablo Kuczynski por no tener “ni fuerza ni juventud”, pero dos meses después formó parte de su lista congresal.

Y claro, Córdova no podía participar en las internas del PPC porque no estaba inscrito, y su padrón ya estaba cerrado. Peor aún, Córdova estaba inscrito en Renovación, la iglesia de Rafael Rey. Jugó entonces a la salida criolla: pidió que le abrieran el padrón –a él- para poder inscribirse.

No le hicieron caso. Fracasó como candidato a Presidente.

A las semanas, postuló al Congreso por Alianza para el Gran Cambio, ese engendro que juntó de todo el 2011. Nadie recordaría su campaña si no fuese por el revolcón que le dio Javier Diez Canseco en un debate.

No fue elegido. Fracasó como candidato a congresista.

Se tomó un descanso político, pero la herida no cerró. En el 2014, dijo que el PPC era “reticente a que ingresaran técnicos de alto nivel”. Aunque se refería a Pablo Secada, era una velada manera de halagarse a sí mismo. Como el niño que patea la pelota solo, contra la pared, y siente que nadie es mejor que él.

Finalmente, en noviembre del 2017, ahorita no más, Córdova anunció (¿a quién?) su precandidatura a la alcaldía de Lima por el entonces oficialista Peruanos por el Kambio. Pero en enero, intuyendo quizá que se metía a un barco por hundirse, dio marcha atrás y anunció (¿¡a quién¡?) que “se alejaba de la política” por un tiempo indefinido.

Fracasó como candidato a alcalde.

Dos meses después, regresó la política.

En abril, el mes más cruel, juramentó como ministro.

Antes de que acabara abril, renunció.

Fracasó como ministro.

Sus 23 días de ministro vuelven a Daniel Córdova idéntico a un funcionario de Kuczynski: sale del sector privado, llega al Estado con grandes expectativas, mete la pata, regresa corriendo al sector privado. Irónicamente, Córdova dijo que este sería un gobierno “totalmente distinto”.

***

Ahora bien, ¿por qué Córdova quería tanto su propia cuota de poder estatal? Fracasó una y otra vez, pero allí estuvo, fiel a sí mismo como el perro de la calle que te sigue hasta tu casa.

No es para corromperse ni favorecer a sus negocios. Eso es muy simple. En el sector privado ganan muchísimo más que en el sector público. ¿Por qué no fue solamente un ejecutivo de la educación? Ya había sido Director de Posgrado de la Universidad del Pacífico y Decano de Economía de la UPC. ¿Por qué no se quedó únicamente trabajando con empresas mineras? Ya tenía los vínculos con Southern Perú. Ambas eran más rentables que el Estado. La motivación no es (solo) económica.

¿Cambiar el Perú? Por favor. Parece que lo único que Córdova quiere cambiar es de partido.

¿El placer de sentir poder? ¿Que tu sobrina diga “mi tío el ministro”? ¿Que tus ingresos en el sector privado se multipliquen porque ya no eres un técnico sino “el ex ministro”?

Quizá sea algo más cultural.

Córdova creía ser una persona con experiencia política y que el Perú necesitaba gerentes. Es decir, creía ser algo que no era y que el país necesitaba algo que no necesita.

“Cuando Lourdes Flores me invitó a ser precandidato presidencial en el 2010, es como si un accionista principal de una empresa me hubiese pedido ser el gerente y que relanzara la institución, como hice con Cómex o con la Escuela de Posgrado de la Universidad del Pacífico”, declaró hace unos días. ¿Y cuál era su expertise? Su “experiencia política”, según él.

Sin embargo, Córdova quebró su propia MYPE política cuatro veces. ¿Qué pasa entonces por su cabeza?

Quizá Córdova cree en sí mismo gracias a su círculo social. Allí seguramente creen que uno es político porque lee The Economist dos veces al mes, y a los ojos de sus patas sanisidrinos luce como Margaret Thatcher.

Quizá es porque toda su mancha cree que un posgrado en Economía en el extranjero te convierte en Winston Churchill, un hombre listo para todo, desde vender computadoras hasta liderar un país. Nosotros sabemos cómo funciona “lo importante”. Conocemos a los ministros y viceministros. Hablamos con ellos en la playa. Con eso tenemos experiencia política. Pero apenas te dan la Presidencia la malgastas en 18 meses, te dan un ministerio y lo pierdes en 20 días.

Quizá es porque Córdova y su collera piensan que el Perú necesita gerentes. Y cuando ellos dicen “gerentes”, piensan en sí mismos. ¿En quién creen que piensan, en los Añaños? Nada, que ellos sigan con sus gaseosas. Cuando dicen “el Perú necesita gerentes” quieren decir “el Perú nos necesita a nosotros”. Y realmente creen ser políticos por leer The Economist dos veces al mes.

Quizá es porque, de esa mancha, Córdova fue el que más se la creyó. Y esa disonancia cognitiva lo llevó a querer ser cualquier cosa con poder durante 20 años: de Presidente a congresista a alcalde de Lima, y si no lo designaban ministro hubiese terminado de candidato a regidor de San Isidro.

En todo caso, tras los 20 meses de gobierno de Kuczynski y los 23 días del ministro Córdova, queda claro que el Perú no necesita gerentes. Los pones y se caen. Además, en el fondo los “gerentes” son lo mismo que la mayoría de políticos peruanos: advenedizos sin experiencia que ingresan brevemente a la esfera pública, y tras un lapso breve se regresan a sus casas. La única diferencia es que los gerentes son más blancos y viven en San Isidro.

Y la diferencia con Córdova es que él sí quería poder, con furia, y de la pura emoción la embarró apenas pudo. Como el chibolo que, después de ser campeón mundial tres veces pateando solo la pelota contra la pared, decide salir a jugar una pichanga. Y lo humillan en el primer partido.


Escrito por

Carlos León Moya

Contratista de Odebrecht.


Publicado en

Reforma Agraria

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