la furia naranja de Chávarry

fuente: facebook

Las primarias del Frente Amplio: balance tardío y personal

Drama subjetivo en diez actos

Publicado: 2015-10-16

PENSABA no volver a escribir sobre las primarias del Frente Amplio. Ya había señalado sus varios aspectos positivos en “Hildebrandt en sus Trece”. De hecho, me ofuscaban las quejas y grititos de quienes buscaban cualquier pequeñez para tirarse abajo la elección.  

Sin embargo, creo que debo matizar algunas cosas.

MI HISTORIA ES ASÍ. Poco antes de cerrar mi mesita en Brooklyn, me enteré del abrumador triunfo de Verónika Mendoza en Cusco ciudad. Luego, los caviares limeños llenaron mi timeline con información de sus mesas y con las fotos de sus votos. Un Creamfields electoral. En todas ganaba Mendoza por amplio margen.

Cerré mi mesita. En Brooklyn también ganó Mendoza, con un categórico y predecible 14 a 4 (Aprovecho para saludar a Vladimir Pinto, el cuadrúpedo militante de Sembrar que impugnó la mesa de Nueva York porque creía que era un bastión de Marco Arana) Era domingo en la tarde y en todas partes Mendoza parecía patear cabezas.

Es cierto, faltaba el voto de provincia, rural, de aparato, donde Marco Arana debía ser más fuerte y, creía yo, hasta podía hacerlo ganar las primarias. Es cierto, estaban los mensajes sensatos y maduros de los amigos terrícolas (entiéndase, de Tierra y Libertad) llamando a la calma, pidiendo no subir resultados parciales, no ir al local del Partido Socialista a hacer el ridículo ni reventar castillos por el abrumador triunfo de Sembrar en Barranco y Miraflores, porque todavía faltaban los votos del resto del país. Pero yo imaginaba que la abrumadora cantidad de votantes limeños difícilmente sería superada por el posible voto del interior. Que Comandante Espinar vencería a Espinar.

De todos modos, más de treinta mil votantes era un éxito, y me quedaba claro que muchos se movilizaron gracias a la participación de Verónika Mendoza. Al César lo que es del César y a Vero lo que es de Vero, me dije. Aun así, sentía mucha desazón por la que creía una abultada derrota de Marco Arana. Ensombrecido, me fui a leer al Cocoa Bar, me encontré a Paul Auster comprando sparkling water, pero nada me sacó de la pena. Así acabó mi domingo.

GIOVANNA CONSTANTINI se ha convertido, de un día para otro, en el mal hecho persona. ¿Sabe quién es? Es la persona que, en un audio presentado por Sembrar, coordina el llenado anticipado de los padrones de votación, para luego ella misma marcar las boletas con sus votos. Ese es, en resumen, el mentado fraude de Pomalca.

Ahora todos le tiran barro a Constantini, pero hace unos meses todos se peleaban por tenerla en sus filas. El lunes 5 de octubre pregunté quién era. Alguien de Tierra y Libertad me dijo que era una militante de Lambayeque “que Sembrar les quiso quitar”, debido a su contacto con los cañeros. Busqué en Youtube. Encontré un video que fue compartido por el fanpage de Sembrar: aparecía Constantini con veinte cañeros detrás, mandaba saludos a Sembrar por su reciente fundación, hablaba en primera persona plural, tenía esa manía babosa de conjugar el verbo “sembrar” a cada momento. Eso confirmó lo que me había dicho el amigo terrícola: en algún momento fue cercana a Sembrar.

El video no está más. En el caché de Google aún se encuentran comunicados de Sembrar donde se hablaba de Constantini como “nuestra compañera”. Los borraron.

¿Esto habla mal de Sembrar? No. ¿Habla mal de Tierra y Libertad, por tener a alguien así en sus filas? Tampoco. Formalmente, Constantini nunca fue de Tierra y Libertad, así que muy poco puede hacer esta organización contra ella. Está el rumor de que la van a denunciar penalmente. Pero, ¿por qué? ¿Por hacer fraude en una elección que no tiene ninguna legalidad, realizada por una organización de la cual no es parte?

Mi punto con Constantini era otro. Ella es un claro ejemplo de la precariedad extrema de la política peruana, y de la izquierda en particular. Como no llegamos a todo el país, tenemos que depender de alguien que esté en la zona, y al cual casi siempre no se puede conocer ni controlar. Y si esta persona viene además con una base social, las dudas son mucho menores. Esto le pasó a Sembrar y a Tierra y Libertad, pero pasa en verdad en todo el país. Hay un compañero en Tumbes, dicen que es medio oportunista, medio animal, pero tiene “trabajo” en la zona: sus Congresos regionales son de 200 personas y a los Congresos nacionales trae 50 delegados. Perfecto. ¿Ustedes creen que alguien, alguna instancia nacional, va a supervisar qué hace el compañero, qué piensa, qué calcula? No es que no quieran, no es mala fe: a veces simplemente no pueden, no se dan abasto, se les cuelan los caciques. Peor aún, a veces hasta los quieren captar, como pasó con Sembrar cuando cortejaba a Constantini.

Al final, Constantini decidió no irse a Sembrar y permanecer “cercana” a Tierra y Libertad. Su acción puso a Marco Arana contra las cuerdas, mostró la triste precariedad de las elecciones primarias, llevó a que el escrutinio pasase a segundo plano y casi rompe el Frente Amplio. Si alguien quiere echar culpas individuales, hágalo. A mí no me interesa. Yo veo en esa acción un capítulo más de un partido que no puede controlar a su propia gente. Si Patria Roja no puede controlar Cajamarca, donde quieren arrancarle la cabeza a Rolando Breña por bajarle el dedo a Gregorio Santos, era mucho pedir que Tierra y Libertad y Sembrar controlen Lambayeque.

EL LUNES EN LA MAÑANA, mientras desayunaba mi calentado, llegó a mis oídos la buena nueva: Marco Arana había dado vuelta a la elección en la madrugada. Los votos del interior le eran ampliamente favorables y estaba por encima. Cajamarca, pensé yo. Lambayeque, me dijeron.

Poco antes de entrar a clase, vi el resultado completo: Marco Arana había obtenido cuatro mil votos en Pomalca y anexos, mientras Verónika Mendoza apenas había conseguido cuatrocientos.

Hasta allí, ninguna sospecha. Mis dudas surgieron cuando vi la votación de Jorge Bacacorzo, conocido también como Martín Guerra: ¡600 votos! ¿Qué estaba pasando? ¿Qué agujero negro se había apoderado de Lambayeque?

Desde allí en adelante, el escrutinio parece haberse vuelto secundario. Cada agrupación decía que estaba arriba, aun contando los votos de Pomalca. A la par, empezó la danza de las impugnaciones. La denuncia de fraude tomó cuerpo con la transcripción del audio de Giovanna Constantini, donde decía “tú llena las actas, yo después lleno las boletas”. Pero claro, era solo una transcripción. Faltaba el audio.

ARTESANALES fueron estas elecciones abiertas. Creo, eso sí, que las elecciones abiertas son la mejor forma de elegir un candidato presidencial, pero no por ello son “más democráticas” que otras formas de elección. Ahora se habla de lo democráticas que fueron, pero si Marco Arana hubiese ganado a punta de aparato ya estaríamos oyendo los llantos contra los partidos, cómo un aparato vulnera la decisión de los ciudadanos, cómo se mata una esperanza, etecé, etecé, etecé.

No es la más democrática, pero para mí es la mejor forma. Y, afortunadamente, esta vez tuvo resultados positivos: abrió la cancha, generó expectativa, concitó atención e invitó a participar a una ciudadanía ajena a perder el tiempo en reuniones interminables. De hecho, los púberes de Únete, siempre reacios a toda forma de elección que implique un mínimo de competencia, han tenido que tragarse el sapo (licuado con maca) y convocar sus propias primarias abiertas para no quedar tirando cintura.

PERDÓN POR LA DIGRESIÓN. ARTESANALES fueron estas elecciones abiertas porque el resultado fue, en la práctica, producto de una negociación. A decir verdad, una gran negociación, con un buen resultado final, con actos de desprendimiento y sinceridad, y que evitó el que parecía el desenlace más probable: la ruptura del Frente Amplio. Buena negociación, pero negociación al fin y al cabo.

Me explico. Verónika Mendoza ganó en las urnas y con justicia, de eso no hay duda. Sin embargo, me animo a decir que desde el martes el escrutinio como tal había pasado a un segundo plano. ¿Por qué? Porque lo más importante era determinar qué pasaría con esas 14 mesas de Pomalca.

Aunque Sembrar deslizaba que Mendoza ganaría aun con las mesas de Pomalca, todo hace indicar que no era así. Si Pomalca valía, ganaba Arana. Si Pomalca no valía, ganaba Mendoza. Sembrar había impugnado Pomalca. Había también una prueba de fraude, pero que solo implicaba a tres mesas de las catorce. Faltaba determinar, hasta donde sé, la validez de la prueba, y qué iba a pasar con las once mesas restantes. ¿Se anulaban solamente las tres mesas involucradas, o las catorce mesas en total? ¿Qué aseguraba que el fraude cometido en una parte, no había sido hecho también en el todo?

Si las elecciones no hubiesen sido artesanales, habríamos tenido los resultados oficiales del escrutinio conforme estaban listos, digamos, el martes en la mañana. Luego, se habría informado de las mesas impugnadas y, una vez resuelto por el ente correspondiente, se sumarían o no al resultado total, y tendríamos un ganador.

Pero no ocurrió así. Primero, la decisión de Tierra y Libertad de hacer primarias cuanto antes y por su cuenta terminó pasándole factura. Una manito de la ONPE hubiese ahorrado muchísimos problemas. Segundo, la información oficial fue un desastre. No había peor cosa que el silencio. Entiendo que la situación era muy delicada y, por eso, lo mejor era cierta prudencia. Pero en un punto la prudencia fue demasiada, y el silencio y la lentitud se confundieron con turbiedad.

Finalmente, la negociación. Marco Arana envió una carta el jueves en la madrugada donde informa que Tierra y Libertad mismo impugnaría todas las mesas de Pomalca, y que lo importante era recobrar la confianza.

La confianza estaba relacionada al total de las mesas de Pomalca. En una elección menos artesanal, las denuncias de fraude hubiesen sido puntuales: esta, esta y aquella mesa, este, este y aquellos votos. Pero en estas primarias no se podía hacer eso. La razón era política. La misma persona que, según un audio, había promovido fraude en tres mesas, estaba involucrada en la instalación de otras once mesas. ¿Debía, entonces, anularse únicamente las mesas con fraude comprobado, y dejar el resto como si nada? Evidentemente, esto ya era un tema de confianza. No se podía confiar en la veracidad del resultado de las otras mesas, donde Arana obtuvo también resultados extraordinarios. Imagino que Sembrar pidió, comprensiblemente, la anulación de todas las mesas. Tierra y Libertad pudo, con alguna razón, negarse y admitir la anulación únicamente de las mesas involucradas.

Si cedía en todas las mesas, Tierra y Libertad perdía la elección.

Si cedía solamente en las mesas involucradas, Tierra y Libertad ganaba la elección, pero se rompía el Frente Amplio.

Escogieron perder. Algo de grandeza hay que reconocerles.

LAS PRIMERAS DEL FRENTE AMPLIO FUERON EXITOSAS, a pesar de sus problemas. Es un éxito distinto al que creímos el 4 de octubre, con treinta mil votantes y con un claro ganador. Creo que su éxito reside en haber dado un ganador sin romperse en el intento. No es un éxito por lo que se consiguió, sino por lo que se evitó.

En absoluto me parece un éxito menor. La izquierda ha pasado por rupturas estúpidas sin motivo alguno. Esta vez hubo motivos, pero prevaleció cierta cordura.

ESO NO VUELVE "HISTÓRICO" lo que se hizo. Hacer una guacha en tu área no te hace ganador del partido. Pero si en abril se obtiene un resultado electoral importante, sí será un nuevo inicio. En ese caso, será difícil que la izquierda elija a su candidato presidencial de una forma distinta a las primarias. Solo eso me llenaría de alegría.

Pero si el resultado de abril es realmente malo, poco quedará. El 2006, el Partido Socialista hizo elecciones abiertas para escoger sus candidatos al Congreso. Como sacamos menos de 1%, nadie lo tomó como guía y ahora nadie lo recuerda. Debemos validar todo esto en abril.

Finalmente, el haber hecho primarias no nos hace moralmente superiores al fujimorismo o al APRA, y tampoco importa. Ese es el consuelo idiota de quien juega un campeonato para ganar el torneo de Fair Play.

UNA PENA LO DE POMALCA, en verdad. Yo soñaba con un bello escenario: que el voto de cuarenta cañeros valga lo mismo que cuarenta tetudos que firman un comunicado llamando a votar a la gente por su candidato, como si el peso de su nombre le importase realmente a alguien. Horrible e inútil ad verecundiam.

Me corrijo: creo que los tetudos no son los firmantes, sino los que promovieron el comunicado. En más de una ocasión yo he firmado, tetudísimo, un comunicado de respaldo a alguna tontera, y es porque me da mucha vergüenza decir que no. De todos modos, el llamado público de un grupo de supuestos notables es una de las cosas más tetudas que existen. Que cuarenta obreros anónimos con pantalones rotos valgan lo mismo que una lista de nombres en Arial 12 con fondo blanco debió ser uno de los más preciados desvaríos del viejo Marx, y hubiese mostrado la belleza proletaria de las primarias. Pero no, hubo fraude. Fin de la fantasía. Una pena lo de Pomalca, en verdad.

VERÓNIKA MENDOZA GANÓ, Y GANÓ BIEN. Aplomada, entera, dejando en el olvido sus viejas dudas.

Seré subjetivo. Verónika Mendoza era mi candidata hasta marzo. Además de su capacidad, era a mi juicio la mejor candidata que podía tener la izquierda, y cosechaba también cierta admiración en un sector de centro. Creía que el escenario requería de ella cierta audacia, asumir su liderazgo en lugar de rehuirle, y eso habría podido aglutinar a la vieja izquierda tras ella. No lo hizo. Poco después, creyéndose el Flautista de Hamelin con artrosis, Únete partió la izquierda en dos bajo la premisa de que todos irían tras ellos y aislarían a Tierra y Libertad. Verónika Mendoza tuvo una postura de principios y se mantuvo cercana al Frente Amplio.

Hoy, esa arriesgada decisión da buenos frutos. Ella es la candidata en buena lid, con la legitimidad que dan las urnas. El escenario es el que yo deseado en marzo, pero por otra vía: con Mendoza de líder y con un sector de la vieja izquierda buscándola con lágrimas en los ojos.

Pero mi candidato para las primarias fue Marco Arana. Primero, porque la unanimidad me da caracha. Las vivas fáciles y el apoyo incondicional a cualquier persona me vuelven tercamente subjetivo. Las diez frases de Verónika Mendoza para que leas antes de dormir y sus fotos abrazando a una ovejita huérfana me parecían tan insufribles como los lunáticos que veían conspiraciones contra ella en todas partes. Por otra parte, destaco de Arana su terquedad y su persistencia en armar un partido a pesar de todos los reveses. Pero si voté por él, fue porque él dijo desde un inicio que quería ser Presidente, y se le notaba dispuesto a quemarse: tuvo en su mano derecha una galonera, y en la izquierda una caja de fósforos La llama. Esa sinceridad, esfuerzo y perseverancia merecieron mi voto. Además, al buen Arana nadie le hizo ni un videito tomando un emoliente ni le publicaron un post con sus mejores diez parábolas bíblicas.

Evidentemente, Mendoza es mucho más que su campaña. Es una candidata mujer y joven en una izquierda muy masculina y vieja. Es una persona que asumió muchísimas causas impopulares por principios, aun si estas iban en contra del sentir general de su propia región. Creo también que, para una elección general, es mejor candidata que Arana, pero ya expliqué por qué él mereció mi voto y por qué se lo daría nuevamente. Pero Verónika Mendoza ganó, y ganó bien. Claro que sé perder, no será la primera vez. Hoy te vas tú, mañana me iré yo.

*Si alguien encuentra alguna imprecisión -sea en cifras, votos, hechos, cálculos y número de mesas- siéntase libre de corregirme con datos en la mano. 


Escrito por

Carlos León Moya

Contratista de Odebrecht.


Publicado en

Reforma Agraria

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